El coeficiente intelectual de los estudiantes argentinos registró una caída de 3,6 puntos en una década, según un estudio de la Escuela de Educación de la Universidad Austral difundido en el marco del Día del Estudiante.
Los investigadores compararon distintas cohortes de alumnos a igual edad y observaron que quienes fueron evaluados en 2023 obtuvieron en promedio ese resultado inferior al de quienes habían sido evaluados diez años antes, en 2013.
El promedio de coeficiente intelectual total pasó de 99,4 puntos en 2013 a 91,03 puntos en 2023. El descenso más marcado se registró en las habilidades verbales, mientras que las capacidades no verbales mostraron una evolución comparativamente más estable.

Los autores del estudio subrayaron la importancia de ese dato porque, según señalaron, el lenguaje no se relaciona únicamente con hablar o escribir, sino que constituye una herramienta fundamental para aprender y comprender.
Los investigadores indicaron que esta evolución es compatible con una desaceleración o una posible reversión del denominado efecto Flynn, un fenómeno observado durante buena parte del siglo XX en el que distintas generaciones mostraban aumentos sostenidos en las mediciones de coeficiente intelectual. Sin embargo, según precisaron, investigaciones sobre poblaciones más recientes encontraron que esa tendencia se desaceleró e incluso se revirtió en algunos casos.
El propio estudio aclaró, no obstante, que sus resultados no permiten afirmar que la caída registrada en las habilidades intelectuales sea la causa directa de las actuales dificultades educativas del país. Según los investigadores, lo que el trabajo hace es mostrar una evolución que consideran una señal de alerta y que abre nuevas preguntas sobre las condiciones en que aprenden los estudiantes.
Ante este panorama, los investigadores no presentaron una conclusión cerrada sino que enmarcaron sus hallazgos como una señal para examinar qué está ocurriendo con las capacidades que los estudiantes necesitan para aprender. Según plantearon, el desafío educativo no consiste solo en preguntarse cuánto aprenden los alumnos, sino en interrogarse sobre las condiciones en que ese aprendizaje tiene lugar, incluyendo el peso de las desigualdades sociales y el impacto del entorno digital en las formas de aprender.
