En su columna semanal, la licenciada en Nutrición Sandra Merino se centró en la generación y el sostenimiento de hábitos y compartió claves prácticas para incorporar nuevas rutinas a la vida cotidiana.

Merino explicó que los hábitos son conductas mecanizadas que el cerebro repite sin necesidad de pensarlos, lo que le permite ahorrar energía. «Los repetimos sin pensar, se convierten en conductas mecanizadas y eso hace que nuestro cerebro ahorre energía», señaló la especialista.
El primer paso, según Merino, es identificar qué hábito se quiere desarrollar y elegirlo conscientemente, como si se tratara de «sembrar una semillita». Puso como ejemplos frecuentes el deseo de tomar más agua, hacer más ejercicio, comer mejor, respetar horarios de comida o dormir más horas.
En su opinión, cada persona debe determinar en qué área de su vida quiere trabajar antes de comenzar.
El núcleo de su propuesta fue la técnica de anclar el nuevo hábito a una conducta ya instalada. «La mejor manera que se ha descubierto hasta ahora de desarrollar hábitos es siempre asociarlo a una conducta que ya esté instalada», afirmó Merino.

Como ejemplo concreto, sugirió que quien quiera tomar más agua puede hacerlo antes de cada mate, aprovechando que ese ritual ya forma parte de su rutina diaria.
Otro caso que mencionó fue el de incorporar frutas después de una comida principal o al momento del desayuno, que muchas personas ya tienen establecido.
La especialista también subrayó la importancia de que el nuevo hábito sea fácil de ejecutar al principio. Advirtió que ponerse metas demasiado ambiciosas desde el comienzo conspira contra el proceso, y recomendó definir con precisión el contexto de la acción: en qué lugar se hará, a qué hora, cuántas veces al día y cuánto tiempo se le dedicará.
Además, la nutricionista destacó como estrategia muy efectiva, respaldada por bibliografía especializada, dejar preparado ese contexto con anticipación. Si alguien planea salir a caminar, conviene dejar lista la ropa y el calzado de antemano, porque eso reduce el margen para que aparezcan excusas.
«Las excusas aparecen, al principio estamos motivados para los cambios y después se empieza a complicar, la motivación empieza a desaparecer», reconoció Merino.

Sobre el tiempo necesario para consolidar un hábito, la especialista aclaró que los plazos populares de 21 o 40 días no son precisos. «La que más se acerca es 60 días, pero depende de cada persona», indicó, y agregó que hay individuos que han desarrollado hábitos en apenas 18 días.
En su criterio, influyen la personalidad, la estructura cognitiva de cada uno y el nivel de atención que se le preste al proceso.
Merino también abordó el rol del mecanismo de recompensa en el anclaje del hábito. Aclaró que esa recompensa no debe asociarse necesariamente a la comida, sino a emociones positivas, como la satisfacción de tachar una tarea pendiente de la lista o la sensación de bienestar después de haber cumplido con la acción propuesta.
Por último, Merino aseguró que una vez que el hábito está instalado, mantenerlo resulta significativamente más sencillo. «Una vez que está instalado el hábito, les puedo asegurar que es mucho más fácil mantenerlo. Generarlo cuesta trabajo, después mantenerlo es mucho más sencillo», concluyó la especialista, quien instó a los presentes a definir con precisión qué hábito van a comenzar a desarrollar.
