Una especie invasora introducida por actividad humana, probablemente a través del agua de lastre de los barcos, preocupa a científicos argentinos que identificaron que el cangrejo verde actualmente es muy abundante en la costa patagónica.

Berenice Trovant, investigadora adjunta del CONICET, explicó en LU5 que la capacidad del cangrejo verde para adaptarse a distintos niveles de temperatura y salinidad, sumada a su comportamiento agresivo y alimentación variada, le permite desplazar especies nativas, alterar las redes tróficas y potencialmente afectar la pesca artesanal.
La científica comentó que el cangrejo adulto alcanza unos ocho centímetros de caparazón y posee relativamente poca carne, principalmente en las pinzas.
Aunque el cangrejo verde es comestible y en otras regiones se impulsan iniciativas para consumirlo como forma de control, Berenice advierte que no existen antecedentes de erradicación exitosa de esta especie marina.
Antes de promover su consumo en la Patagonia, consideró necesario estudiar posibles riesgos sanitarios, como parásitos y la acumulación de toxinas vinculadas a la marea roja.
El estudio genético reveló además la presencia de dos especies de cangrejo verde en la región, una proveniente del Atlántico norte y otra del Mediterráneo, distribuidas desde el Golfo Nuevo hacia el norte. Ambas podrían haberse cruzado, generando híbridos con una capacidad de adaptación potencialmente mayor, por lo que la situación requiere más monitoreo e investigación.
La evidencia genética -afirmó Trovant- también indica que no hubo un único ingreso de la especie, sino al menos dos eventos de introducción, lo que refuerza la necesidad de controlar estrictamente el agua de lastre de los barcos; mientras tanto, algunas especies nativas, como gaviotas cocineras y pulpos, ya actúan como depredadores naturales del cangrejo.
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