Hoy, 10 de abril, LU5 cumple 81 años. Desde temprano el aire de la radio se llenó de saludos y felicitaciones de la audiencia y los entrevistados. Todos contaron cuál es su historia con LU5.
Majo Carrascal dedicó un emotivo editorial para saludar a la que, también, es La radio de su vida

Este es el texto completo de su columna dedicada a LU5:
Hay fechas que se quedan grabadas en el corazón, no por lo que dicen los calendarios, sino por lo que nos hacen sentir. Mi historia con LU5 no empezó en la infancia, como la de muchos de ustedes que crecieron con el sonido de la radio de fondo mientras desayunaban para ir a la escuela. Mi historia empezó de una forma más madura, más profunda y, quizás, más necesaria.
Para entender mi llegada a esta casa, tengo que viajar a un momento sagrado: el 18 de noviembre de 2006. Ese día llegó a mi vida mi hijo, mi único hijo. Después de un embarazo de riesgo y de su llegada prematura, tenía que llegar en enero de 2007 y quizás lo hizo antes porque sabía que la vida tenía preparado para su mamá otro de los momentos más importantes de su vida y tal vez, también quería escucharme desde su cuna. Mientras todo eso pasaba, y despuntaba el 2007, la vida, esa gran guionista, me puso frente a la puerta de AM600.
Yo llegué “grande”. Llegué con la vida medio caminada, con las expectativas de un comienzo y, lo confieso hoy con humildad, sin dimensionar dónde estaba poniendo el pie. Para mí, LU5 era una radio importante, sí. Pero no sabía que era La Radio. No sabía que estaba entrando en un lugar que es, para muchos, el único puente con la realidad, el hombro donde llorar o el medio para celebrar una alegría. En estos años nacieron hijos, nietos, que, desde el comienzo, como pasó con sus papás, crecieron al ritmo de la radio para empezar la mañana.
Muchos de ustedes llevan a LU5 en el ADN porque sus abuelos la escuchaban en el campo, en el corazón del valle, allá en frío de la cordillera o en una ciudad que recién se despertaba, cuando ya las voces y la música estaban sonando. Yo, en cambio, la descubrí con ojos de asombro. Fui aprendiendo sobre la marcha que cada vez que se encendía el aire, no estábamos hablando al vacío: le estábamos hablando a una familia gigante que nos abría la puerta de su cocina en penumbras, para no despertar al resto, en la cama, mientras se daba un baño, mientras se apuraba a subir al auto para no perderse una nota que había empezado a escuchar en casa mientras buscaba las llaves y apagaba las luces, en un taxi, en su trabajo.
En aquel 2007, cuando me incorporé, la radio acababa de cruzar una frontera simbólica. Tenía 62 años. Si fuera una persona, en ese entonces, muchos habrían dicho que estaba en edad de jubilarse. Que ya había dado todo lo que tenía para dar. Que después de seis décadas, el cansancio ganaría la partida.
Recuerdo que algunos vaticinaban el final. Decían que las nuevas tecnologías, que la inmediatez de internet, que los cambios de hábito terminarían por apagar esa llama que nació en 1945. ¡Qué poco conocían de la fuerza de esta gigante!
Hoy cuando repaso este pedacito de historia, sonrío. Porque esa radio que encontré “sesentona” resultó ser la más joven de todas. LU5 no se jubiló; se reinventó. No se quedó en el tiempo; se hizo presente. Mientras el mundo cambiaba a una velocidad vertiginosa, esta casa supo hacerle frente a las nuevas formas de comunicación sin perder su esencia.
Se renovó, se llenó de nuevas voces, pero mantuvo el corazón de siempre. Esa es la magia poder cambiar sin dejar de ser nosotros. Renovarse sin olvidar al hombre que nos escucha desde lejos.
Hoy, mientras mi hijo crece y aquel 2007 parece lejano, me doy cuenta de que yo también crecí con ella. Que LU5 me enseñó a ser parte de algo muy grande, enorme.
Llegué sin saber lo que significaba para las personas, y hoy no puedo imaginar mi vida sin ella y sin ustedes. Gracias por dejarme ser parte. Ella sigue cumpliendo años, hoy sus 81 y lo importante es que ud, mis compañeros y el recuerdo de los que pasaron, podemos ser parte de este cumpleaños. Porque acá estamos, firmes, renovados y, sobre todo, profundamente agradecidos.
