Una ley vigente en Argentina desde 2001 podría ser derogada por el gobierno nacional a través de un proyecto conocido como la Ley Hojarasca, que ya obtuvo media sanción en la Cámara de Diputados.
La escritora y vicepresidenta de la Cámara Argentina de Librerías Independientes, Cecilia Fanti, advirtió en LU5 que una posible derogación de la Ley 25.542 de Precio Fijo de Libros pondría en riesgo el ecosistema editorial y librero que Argentina construyó durante 25 años.

«Se puede destruir con solamente una línea lo que nos llevó muchísimo tiempo construir», afirmó Fanti, quien reclamó que el Congreso no avance con la nueva normativa que ya obtuvo media sanción.
Fanti explicó que la ley vigente establece que el precio de venta de un libro nuevo debe ser el mismo en todos los puntos de venta —librerías, supermercados, farmacias o cualquier otro canal—, y que es el editor quien lo fija. Según señaló, el resultado de ese marco regulatorio fue contundente: en 25 años, la cantidad de librerías en Argentina pasó de 500 a 1.500, las editoriales independientes se profesionalizaron, comenzaron a exportar, y autores que iniciaron su camino en sellos locales hoy ven sus obras traducidas o adaptadas a series y películas.
La vicepresidenta de la Cámara subrayó que lo virtuoso de la ley es que desplaza la competencia del precio al terreno de la atención, la recomendación y la selección de títulos.
En su opinión, los grandes actores que se beneficiarían con la derogación —como Amazon o Mercado Libre— no pertenecen a la industria del libro y no tienen un interés en él como bien cultural: «El libro funciona como una mercancía más, como en un supermercado», sostuvo.
Fanti indicó que vender libros les da prestigio y funciona como gancho, pero que en realidad no constituye un negocio rentable para ellos, dado que el libro es de muy baja rentabilidad para cualquier actor de la cadena.

Ademas, advirtió que el argumento de que los precios bajarán con la derogación es engañoso. Según explicó, lo que descendería serían los precios de los libros de mayor rotación, solo hasta que la competencia de las librerías independientes desaparezca; luego, sin competencia real, los precios subirían. Un supermercado o una gran plataforma, precisó, maneja apenas el 1% de un catálogo, mientras que las librerías ofrecen una diversidad que no se encuentra en otros espacios: «La gente viene acá a pasear por librerías, encuentra libros que no encuentra en otros lugares», sostuvo
Anteproyecto
Sobre el estado parlamentario de la iniciativa, Fanti informó que la Cámara recibió el viernes un nuevo anteproyecto y que están manteniendo conversaciones con legisladores, tal como lo hicieron hace dos años cuando la cuestión apareció en la ley base.
Hizo un llamado a colegas, lectores y a toda persona interesada en el tema para que se acerquen a sus representantes, los informen y les acerquen los argumentos necesarios «para que la derogación no llegue al recinto y no se vote».
