En qué consiste la paleoneurología, una revolucionaria rama de la paleontología

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Los dinosaurios se extinguieron hace millones de años y de ellos solo restos óseos quedaron. En pocos casos se hallaron restos de piel y, mucho menos, restos de órganos. Saber cómo pensaban, veían, olían u oían era una incógnita hasta que paleontólogos se dedicaron a indagar en una novedosa rama de investigación: la paleoneurología.

“Es una rama de la paleontología en la que nos dedicamos a estudiar el sistema nervioso (cerebros y nervios) de animales extintos”, explicó Ariana Paulina Carabajal en diálogo con LU5. Ella es paleontóloga, paleoneuróloga, investigadora del Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (INIBIOMA) del Conicet.

“Era difícil de investigar al comienzo porque son tejidos blandos que desaparecen y no se preservan, debido a que el cerebro por ejemplo está compuesto por un 90% de agua. Apenas un animal muere, empieza a deshidratarse, se pudre, se disuelve y es muy difícil encontrar tejidos blandos en el registro fósil. Si aparecen son hallazgos excepcionales”, detalló Carabajal.

Al no existir ningún resto de órganos, lo que hacen desde la paleoneurología es recurrir a otros métodos para intentar dilucidar cómo pensaban los dinosaurios: “Lo que hacemos es buscar las evidencias indirectamente que tenemos de estos tejidos blandos preservados en los huesos. Dentro de la cabeza, lo que llamamos la caja craneana, suelen dejar algunas marcas dentro”.

Con esa cavidad del cráneo, los investigadores lo que hacían era armar moldes de yeso, silicona o látex para emular lo que habría sido el cerebro de esos animales. “Hoy en día estamos revolucionando este campo utilizando tomografías computadas que nos permite meter la cabeza de esos dinosaurios en un tomógrafo y, después, de forma virtual rellenamos ese espacio. El modelo en 3D que armamos nos da la morfología y el tamaño que tenía el cerebro del animal”, aclaró Carabajal sobre el trabajo que hacen en la actualidad.

De esta forma, la paleoneurología busca entender y tratar de interpretar, a través del tamaño del cerebro, cómo era el desarrollo de los distintos sentidos como la vista, el olfato y el oído. “Queremos comprender cómo los dinosaurios vivían su vida, qué hacían, cómo buscaban alimento, cómo cazaban, cómo huían de sus depredadores, cómo utilizaban esos sentidos para buscar pareja, reproducirse”, comentó la investigadora.

Para obtener la información virtual de los tomógrafos, los investigadores deben solicitar a hospitales y clínicas el uso de esos equipamientos. Ese momento del trabajo es “divertido y gracioso”, contó Carabajal por lo que significa el encuentro de los pacientes habituales de esas instituciones con algo tan inusual como un cráneo de un dinosaurio. “Hay clínicas que nos dicen que vayamos los sábados porque no hay nadie pero en general vamos con nuestro turno cualquier día como todo el mundo. Si el bicho es muy grande, cuando vamos pasando con el cráneo en la camilla, la gente le encanta acercarse, mirar y preguntar porque no es muy común ver o tocar el cráneo de un dinosaurio. Enfermeros y médicos de turno también chusmean porque es totalmente raro un paciente de millones de años en la camilla”, relató la paleoneuróloga.

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