El debate sobre los influencers gastronómicos crece en distintos países, a partir de casos de restaurantes que directamente les prohíben la entrada o denuncian prácticas consideradas extorsivas.

En algunos casos, los creadores de contenido consumen, graban y luego intentan negociar la cuenta a cambio de una mención, llegando incluso a amenazar con publicar reseñas negativas si no consiguen el canje. En Argentina, el colectivo La Chancha y los 20 impulsó una convocatoria para que gastronómicos expongan públicamente este tipo de pedidos, abriendo una discusión sobre la credibilidad y el rigor de las recomendaciones en redes.
En su columna Picado Fino, Nico Visne planteó que el principal límite debería ser la honestidad: diferenciar claramente el contenido patrocinado y evitar que un acuerdo comercial condicione la opinión.
Destacó tambien que, a diferencia de muchos influencers que ofrecen recomendaciones rápidas y positivas, el periodismo gastronómico busca investigar, comparar y profundizar en la historia de los restaurantes, cocineros y productores.
Finalmente, Visne advirtió que la facilidad para comprar seguidores y ganar visibilidad obliga a los usuarios a mirar con mayor atención quiénes realizan las recomendaciones y qué intereses pueden existir detrás.
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