Investigadoras argentinas desarrollan plásticos biodegradables aptos para uso médico

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La Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y el Conicet están desarrollando un proyecto para la producción de bioplásticos. Se trata de productos similares al plástico proveniente de la industria petroquímica y que son aptos para aplicaciones en intervenciones médicas.

Nygaard aseguró que “esta idea viene de principios de siglo cuando comenzaron mis directoras a trabajar en este tema“.

Daiana Nygaard es biotecnóloga y doctora en Ciencias Aplicadas y de la Ingeniería de la UNSAM. “Esta idea viene de principios de siglo cuando comenzaron mis directoras a trabajar en este tema. Me incorporé al grupo en el 2014, hice mi doctorado y estoy haciendo mi posdoctorado en Conicet y la UNSAM sobre la producción de biopolímeros que se llaman ‘Polihidroxialcanoatos’. Estos son producidos por microorganismos como reserva de carbono y energía”, contó.

Estos biopolímeros, explicó la biotecnóloga, tienen propiedades similares a los plásticos de origen petroquímico y además, como son de síntesis biológica, se degradan en el ambiente y también en cuerpos de animales y humanos. A esa cualidad se le suma que son biocompatibles, es decir que cuando se van degradando estos polímeros, no generan reacciones adversas o de rechazo en el cuerpo de las personas. “Por eso son muy útiles para aplicaciones médicas: tienen propiedades similares a los plásticos, son biodegradables y son biocompatibles”, sintetizó Nygaard.

El primer uso médico que tuvo ese biopolímero fue en hilos de sutura. “Se usa para coser heridas y no hay que quitarlo porque cumple su función de mantenerlas cerradas y después, cuando se sanó, se va degradando y no es necesario quitarlo”, explicó la científica.

Debido a la buena adherencia celular que tiene, este polímero también es útil para la cicatrización ya que pueden producir membranas para la regeneración celular en una herida.

Por otra parte, la biotecnóloga detalló las etapas de producción de este bioplástico: “son cuatro; en la primera se realiza la fermentación con el microorganismo (bacteria) que lo produce; después se separa el microorganismo en un cultivo; luego se procede a la extracción del polímero de las bacterias; y el último consiste en la purificación de los polímeros”.

Nygaard puntualizó que la última fase de la producción es fundamental ya que deben evitar que quede cualquier resto de la bacteria en el polímero resultante.

Con este proyecto en curso, las investigadoras ahora apuntan a una producción a gran escala “para reemplazar las importaciones porque los principales productores de este tipo de polímeros son China y Brasil”, remarcó la científica y agregó que “es de vital importancia que produzcamos acá para poder utilizarlos en las aplicaciones que estamos desarrollando en nuestro grupo”.

Si bien el campo biomédico es donde más se está utilizando actualmente este producto, también se podría implementar en otras áreas. “Al tener propiedades similares a los plásticos, se pueden aplicar en la elaboración de envases y embalajes descartables”, señaló Nygaard.

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