Una experta en ciberdelitos advirtió que los menores atraviesan una profunda necesidad de ser escuchados y que las escuelas carecen de protocolos adecuados para abordar situaciones de violencia digital.
Amparo Zavalía., Miembro team leader del Ocedic -(Observatorio de Cibercrimen y Evidencia Digital en Investigaciones Criminales) Coordinadora del programa federal Ocedic & Tik Tok, explicó en LU5 que su trabajo se estructura desde un enfoque multidisciplinario que incluye abogados, informáticos y psicólogos. Según describieron, intervienen en tres frentes simultáneos: con los menores, con los docentes y con las familias, a quienes brindan talleres de prevención por separado para no mezclar los distintos públicos.
El Observatorio de Cibercrimen y Evidencia Digital de la Universidad Austral, en alianza estratégica con TikTok, llevó a cabo ayer la segunda edición del congreso regional de cibercrimen en la provincia de Neuquén, del cual participó Zavalía. El encuentro se enmarcó en el programa federal de capacitación a escuelas, jueces, fiscales y defensores en investigaciones en entornos digitales que se lleva a cabo por segundo año consecutivo.
El evento, se desarrolló en el Auditorio de la Municipalidad de San Martín de los Andes, y contó con la participación de jueces, fiscales, abogados, miembros del Poder Judicial, Ministerio Fiscal y fuerzas de la ley de las provincias de Santa Cruz, Chubut, Río Negro, Neuquén y Tierra del Fuego, y abordó los desafíos actuales de la justicia frente a la digitalidad

Sobre la situación legal en Argentina, Amparo Zavalía señaló que el país muestra un retraso respecto a otras naciones, en particular frente a España, que según indicó cuenta con una legislación más avanzada en materia de delitos digitales. Explicó que el grooming y el artículo 128, referido al material de abuso sexual infantil, sí están tipificados como delitos en el país. Sin embargo, advirtió que el bullying, el acoso y la difusión de imágenes íntimas sin consentimiento son apenas contravenciones, lo que en su opinión representa un tratamiento «todavía atrasado». Agregó que participan en mesas de diálogo con el Congreso y elaboran propuestas de proyectos de ley para reforzar el marco normativo.
La prohibición del uso de redes sociales para menores, como ocurre en algunos países, resulta una medida eficaz, la Zavalía se pronunció favor de la concientización por sobre la restricción. Sobre la prohibición del uso de redes sociales para menores, como ocurre en algunos países opinó que a «la tecnología tampoco hay que demonizarla» y subrayó que la clave está en promover un uso consciente acompañado por los adultos. Comparó la situación con el protocolo de emergencia de un avión: primero el adulto debe colocarse la máscara de oxígeno antes de ayudar al niño, porque sin herramientas propias no es posible acompañar a los menores.

Respecto al nivel de información que tienen los adultos sobre los riesgos de la conectividad constante, la especialista fue directa: «Poco, poquísimo», . Señaló que durante las capacitaciones comprueban que muchos padres confunden conceptos fundamentales. Pusieron como ejemplo que en una escuela visitada el día anterior a la entrevista, los participantes no distinguían el grooming del bullying, siendo que se trata de fenómenos completamente distintos: el bullying ocurre entre pares, mientras que en el grooming interviene un adulto con intenciones de abuso sexual hacia menores.
La comunicación con los chicos fue identificada como uno de los ejes centrales del problema. Una de las expertas señaló que los menores «están con miedo y con temor» al hablar con adultos, y que con frecuencia dejan de contar lo que les sucede cuando sienten que se les está «bajando línea». Describió la escucha activa como «un arte» que requiere aprender un lenguaje diferente, atento también al lenguaje corporal y a las reacciones de los chicos durante el diálogo presencial.
En cuanto al rol de los docentes, Amparo relató lo ocurrido durante una capacitación realizada en junio en Paraná, en la que participaron 2.000 personas convocadas junto a Mariana Chávez. Allí, los propios alumnos expresaron que los adultos y docentes directamente no los escuchaban y minimizaban los problemas de bullying que atravesaban. Luego, al trabajar con los docentes, las especialistas optaron por no confrontarlos sino por convocarlos a involucrarse. «No es que fuimos a retar a los docentes», aclaró, y explicó que muchos de ellos tampoco saben cómo actuar y se ven desbordados por una metodología educativa y un concepto de autoridad que cambiaron radicalmente.
Zavalía Destacó que resulta más difícil trabajar con los adultos y los docentes que con los propios chicos. «Los chicos están muy necesitados de hablar, de contarles qué les pasa y de que los escuchemos», afirmó una de las especialistas. Como ejemplo concreto de ese acompañamiento, mencionó que cuando un menor habla de Fortnite, Roblox o de expresiones como «farmear aura», la responsabilidad del adulto es investigar de inmediato qué significan esos términos. «Es un idioma completamente ajeno y hay que investigarlo», concluyó, insistiendo en que desvincularse del mundo de los chicos equivale a dejar de acompañarlos.
