El mundo de los hongos parece casi mágico; no son plantas aunque crecen en la tierra y no se mueven. Además, no hacen fotosíntesis, obtienen su alimento de otros elementos y al parecer están más cerca de los animales que de los vegetales.

Por suerte el biólogo y profesor de biología Marcelo Escobar nos explicó las características biológicas, sus peligros y sus curiosidades de los hongos presentes en la Patagonia.
Escobar comenzó por situar a los hongos en el árbol de la vida, explicando que no pertenecen al reino vegetal sino que comparten un ancestro común con los animales.
Según el biólogo, tanto los hongos como los animales forman parte de un grupo llamado Opistoconta, cuya característica distintiva es el flagelo, ese «latiguito» que tiene el espermatozoide. Escobar explicó que en los animales y en los hongos más primitivos ese flagelo es único y se ubica en la parte trasera de la célula, mientras que en las plantas y las algas aparece en la parte delantera, como la hélice de un avión respecto de la de un barco.
Aclaró que la mayoría de los hongos ya no poseen flagelo, salvo un grupo muy primitivo llamado quítridos, que todavía lo conserva.
Al referirse a la diversidad del reino fungi, Escobar destacó que los hongos «hacen de todo»: algunos son comestibles, como los champiñones o los hongos de pino de la cordillera, pero otros son venenosos. Entre estos últimos mencionó a los amanita muscaria, los llamados hongos de los Pitufos, rojos con pintitas blancas, a los que calificó de «tremendamente peligrosos».
El biólogo señaló que la naturaleza utiliza los colores rojo, amarillo y negro como señales de advertencia, aunque también existen especies que imitan esa coloración sin ser realmente peligrosas, aprovechándose del instinto de precaución de otros organismos.
Uno de los usos de los hongos que destacó Escobar fue su rol en la producción de alimentos y bebidas. Explicó que las levaduras, un grupo de hongos unicelulares, son las responsables de la fermentación con la que se elaboran el vino, la cerveza, el pan y el queso.
Yao yao
El yao yao (también escrito como llao llao) es un hongo que llama la atención por ser un parásito que crece sobre árboles del género Nothofagus, como los ñires, la lenga y los coihues, que tapizan la cordillera patagónica.

Según Escobar, cuando una espora de este hongo, cuyo nombre científico es Cyttaria, cae sobre las ramas de uno de estos árboles, comienza a desarrollarse como una tumoración que puede crecer desde el tamaño de un pequeño botón hasta superar el de una pelota de tenis, dependiendo del árbol y del tiempo que lleve el hongo en su interior.
El biólogo destacó que, a diferencia de los líquenes, esta relación no es una simbiosis sino un parasitismo. Lo notable del yao yao, señaló Escobar, es que es comestible y tiene un gusto dulce, lo que lo hace muy buscado en las ferias de artesanos de la región.
Sobre su nombre, admitió que la etimología es «media dudosa», pero mencionó haber leído que podría significar «algo muy rico», en referencia precisamente a su sabor.
