¡Hay Café, Café!

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El periodista Nico Visne se sumó al programa Viento a Favor con “Picado Fino”, una columna gastronómica.

Esta semana nos contó curiosidades del café, su origen y personajes históricos que lo convirtieron en un hábito cotidiano.

Según arqueólogos, el primer registro del café data del año 858, en la provincia de Kaffa, Abisinia, actualmente conocida como Etiopía.

Investigadores aseguran que durante la Edad Media los monjes cristianos tomaban esta infusión para mantenerse despiertos, mientras que otros ubican a la planta en cercanías de las costas del Mar Rojo.

Atravesando el segundo milenio después de Cristo, las tribus nómadas de Etiopía comenzaron a moler las frutas de cafeto, obteniendo sus semillas para masticar.

En primer lugar adoptó la forma de una especie de barrita que daba la energía necesaria para atravesar el desierto, luego apareció el vino árabe en el que se trituraban los granos, se fermentaban en alcohol y se utilizaba para afrontar distintas enfermedades.

Kaldi, las cabras y el cafeto

Una leyenda cuenta que un pastor y poeta llamado Kaldi en el Siglo 9, en Etiopía, se dio cuenta que luego de salir a pastar sus cabras no regresaban. Cuando las fue a buscar encontró que algunas estaban comiendo los frutos de un arbusto y otras saltaban y corrían golpeándose entre ellas.

Kaldi supuso que morirían envenenadas pero lejos de eso las cabras se mantuvieron despiertas toda la noche.

Al otro día regresaron a la misma colina y el pastor se dio cuenta que las cabras buscaban morder la planta, por lo que tomó la decisión de probar sus frutos que finalmente le parecieron amargas. Cuando llegó a la aldea le regaló a unos monjes del monasterio algunas bayas, que también tiraron al fuego porque les parecieron amargas.

Mientras ardían quemadas la pulpa se desprendió, las semillas se tostaron y los granos de café “surgieron con forma, sabor y aroma”.

Los monjes finalmente la adoptaron y la nombraron como “Kawah” en honor a un antiguo dios persa.

En el Siglo 15 se registraron las primeras plantaciones de cafeto en Yemen. Los esclavos sudaneses eran alimentados con café, lo masticaban para mantenerse despiertos y tener mayor resistencia.

Los dueños de estos esclavos observaron este beneficio y cruzaron la península ibérica con los granos para poder utilizarlos.

Primeros establecimientos de Café

La Meca fue el primer lugar con tiendas de café para peregrinos que se trasladaban de un lugar a otro.

La bebida se expandió por el gran imperio otomano y luego siguió su paso de Constantinopla a Venecia en el año 1570. Principalmente se distribuyó en Italia donde alcanzó un importante nivel de relevancia. En aquel momento el residuo del polvillo generaba molestias, por eso dieron un nuevo paso e inventaron el filtro.

A Francia llegó en 1644, a través de Estambul. Al principio se bebió en Marsella y 25 años después arribó a París, donde se lo dieron a probar a Luis XIV, el Rey Sol. Cuando el rey aprobó el sabor de la infusión, esta tomó popularidad en París, donde en1672 abrió el Café Procope.

Inglaterra, España, Alemania y Holanda también se sumaron al consumo de este novedoso producto. La gran demanda superó lo que los países exportadores podían dar. El café se encareció y los holandeses se apropiaron de plantas de contrabando.

En América la planta de café arribó en 1723 mediante una gestión del capitán Francés Gabriel De Clieu.

Una maniobra astuta del Sargento brasileño Francisco de Melho, ante el gobernador de la Guyana Francesa, Claude de Guillonet, permitió que la planta de cafeto arribara y se multiplicara en Brasil.

Café en la historia argentina

El general José de San Martín era muy fanático del café y acostumbraba a tomarlo con bombilla. Era conocido como maté de café y muy habitual en las Provincias Unidas del Río de la Plata.

San Martín tomaba con frecuencia esta bebida especialmente durante la tarde o en los paseos junto a Remedios y alguna pareja amiga.

Personajes fanáticos del café

El almirante Guillermo Brown inicialmente pensó que con esta bebida habían intentado envenenarlo en alta mar. El escritor y filósofo francés, Voltaire, acostumbraba a tomar 50 tazas de café por día.

El reconocido compositor de música Ludwig van Beethoven se lo preparaba con exactitud utilizando 60 granos de café. En caso de querer otro repetía nuevamente la misma metodología.

El general Lucio Mansilla en una de sus obras más reconocidas describe el mate de café como una bebida en común que se compartía en los fogones argentinos.

El Café “Delirante” de Bariloche

El dueño de las cafeterías Delirante en Bariloche y el Bolsón, José Sojo, reconoció que las principales virtudes del café es que es “rico”, cambia el día, permite pensar y disfrutar de un alimento que el hombre consume hace 600 años.

Explicó que ser un tostador de café significa tomar un producto que alguien cultivó en algún lugar del mundo y encontrar la manera para que el producto no pierda calidad y llegue de la mejor manera al consumidor.

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