Papiro egipcio y falso papiro: diferencias clave para el jardín patagónico

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Existen dos plantas de la misma familia que se comportan de manera muy distinta en el clima patagónico; el papiro egipcio y el falso papiro.

Nuestro amigo jardinero Germán Ruiz explicó en LU5 que ambas plantas pertenecen a la familia de las ciperáceas y son semiacuáticas, es decir, necesitan que sus raíces estén permanentemente en contacto con el agua o en suelos encharcados.

Papiro egipcio.

El papiro egipcio, cuyo nombre científico es cíperus papirus, y el falso papiro, conocido como cíperus alternifolium o también como “paraguita”, comparten ese rasgo esencial, aunque presentan diferencias notables en apariencia, tamaño y resistencia al frío.

En cuanto al aspecto visual, el jardinero describió que el papiro egipcio tiene hojas muy finas que caen hacia abajo y dan la impresión de ser un plumerillo o un peluche, mientras que el falso papiro presenta hojas más lanceoladas, con puntas que pueden llegar a pinchar. La diferencia en tamaño es significativa: según Ruiz, el papiro egipcio puede alcanzar hasta nueve metros de altura en su estado natural, en tanto que el falso papiro llega a los tres metros como máximo.

Falso papiro.

La principal razón por la cual el costo de ambas plantas difiere es su tolerancia al frío. El jardinero explicó que el papiro egipcio, de origen africano, no tolera temperaturas menores a los cuatro grados bajo cero, por lo que en la Patagonia debe tratarse como una planta de interior y resguardarse del frío. “La tenemos que cuidar como si fuera una planta de interior”, afirmó Ruiz, señalando que al superar ese umbral térmico la planta detiene su funcionamiento y comienza a marchitarse.

El falso papiro, en cambio, tolera hasta cero grados y puede utilizarse sin mayores problemas en jardines patagónicos al aire libre.

Ruiz indicó que esta especie se encuentra con mayor facilidad en los viveros de la zona y que es habitual verla en las orillas del río Limay y en el paseo de la costa, donde se reproduce incluso por semillas dispersadas por los pájaros. Advirtió que, precisamente por esa facilidad de reproducción, puede volverse invasora y requiere control periódico.

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