«Todo trabajo dignifica»: el taller de Zapala que impulsa la inclusión laboral de jóvenes con discapacidad

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El taller Un Mundo para Todos, con sede en Zapala, trabaja desde hace un año y medio para transformar la inclusión laboral de jóvenes con discapacidad en una realidad concreta, con actividades que van desde la gastronomía hasta el cuidado de mascotas y la producción artesanal.

Su fundadora, la profesora de Educación Especial Silvana Zurita, explicó en LU5 el origen del taller y los desafíos que aún enfrenta.

Zurita acumula 26 años de trayectoria en educación especial en Zapala. Fue precisamente ese vínculo prolongado con los estudiantes y sus familias lo que la llevó a detectar una necesidad persistente. «Siempre estaba esta inquietud de la falta de trabajo de las personas con discapacidad», señaló, y a partir de esa inquietud construyó el taller.

El proyecto se articula en dos ramas. La primera es la inclusión laboral propiamente dicha. La segunda es la capacitación en accesibilidad comunicacional, orientada a empleados públicos y comercios.

En ese marco, el taller brindó herramientas a efectivos de bomberos, la policía, la Defensoría del Pueblo y el Juzgado de Paz para que puedan comunicarse con personas ciegas, sordas, con autismo o con discapacidad intelectual. También elaboró cartas accesibles para restaurantes de Zapala e instaló un código QR en el Juzgado de Paz.

En cuanto a la inclusión laboral, el taller registró su primer antecedente formal en la Pizzería Cienfuegos, donde los jóvenes trabajaron durante cuatro meses. Cuando la dueña debió devolver el local, la visibilidad que aportaron los medios de comunicación y los vecinos facilitó un nuevo destino: el restaurante La Cantina, ubicado en la calle Avellaneda 1773 de Zapala. Allí, los participantes del taller hacen tortas fritas, pan casero, rallan jamón y muzarella, y atienden al público. Zurita aclaró que tanto los jóvenes como las madres que colaboran en la cocina cuentan con certificación en manipulación de alimentos.

Además de La Cantina, otro grupo de chicos trabaja en el comercio La Perruquería, donde lavan mascotas y atienden al público.

El taller también produce velas, jabones y artículos de yeso para la venta. Y en agosto está previsto el inicio de un proyecto de vivero en conjunto con la Escuela Integral de Zapala, que sumará a los jóvenes de ambas instituciones.

Sobre el significado que estas actividades tienen para los participantes, Zurita fue enfática: «Las personas con discapacidad pueden trabajar. Los chicos necesitan tener un hábito de trabajo, necesitan tener su sueldo, porque todo trabajo dignifica, tanto a las personas que no tienen discapacidad como a cualquier persona, tengan o no discapacidad».

Al reflexionar sobre las razones por las que persisten las barreras de empleo para personas con discapacidad en Argentina, Zurita apuntó a la carga simbólica del lenguaje. En su opinión, eufemismos como «personas con necesidades educativas especiales» o «personas con capacidades diferentes» contribuyen a difuminar una realidad que debería nombrarse con claridad.

«La discapacidad es una condición, no es una anomalía, no es una deficiencia», afirmó. Señaló que cualquier persona puede quedar con una discapacidad tras un accidente, y que reconocerla como condición —y no como limitación absoluta— es precisamente lo que permite pensar en el trabajo como un derecho alcanzable.

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