Lucas Mitidieri, estudiante de Ingeniería Mecánica de la Universidad Nacional del Comahue, desarrolló ADDIPOD, un proyecto para fabricar mediante impresión 3D un dispensador de nanosatélites CubeSat que, según explicó, podría reducir los costos de lanzamiento hasta casi un 70% respecto a los métodos actuales.

Mitidieri habló desde Turquía con LU5, donde participa en un congreso internacional del sector aeroespacial.
El estudiante explicó que los nanosatélites CubeSat tienen dimensiones de diez centímetros cúbicos y que lanzar uno al espacio cuesta aproximadamente 60.000 dólares, precio que corresponde al alquiler de un espacio dentro de un dispensador operado por empresas tercerizadoras.
Según Mitidieri, el objetivo de ADDIPOD es precisamente eliminar esa dependencia: «Queremos saltarnos ese proceso teniendo un propio dispensador nosotros».
La propuesta técnica de ADDIPOD consiste en reemplazar las estructuras de aluminio aeroespacial, material costoso y difícil de mecanizar, por polímeros compuestos reforzados con fibra de carbono.
Mitidieri señaló que los refuerzos se orientan en la dirección más favorable según los esfuerzos y contracciones que genera la diferencia de temperaturas en el espacio. En su opinión, esta sustitución de materiales es la clave de la reducción de costos, ya que fabricar con aluminio aeroespacial requiere centros de mecanizado especializados de difícil acceso para instituciones académicas.
El proyecto nació de su colaboración con la Facultad de la Universidad Nacional del Comahue, que trabaja actualmente en el PehuenSat-3, la tercera versión de su nanosatélite orientado a servicios de comunicación. Mitidieri relató que al involucrarse con ese equipo el año pasado identificó las dificultades de financiamiento para los lanzamientos y comenzó a combinar su experiencia en polímeros y materiales compuestos con las necesidades del proyecto universitario.
En cuanto al estado de avance de ADDIPOD, Mitidieri indicó que aún le faltan dos experimentos para completar el desarrollo. El primero es un análisis de variación por shaker, que determina los ejes críticos de resonancia entre el dispensador y el satélite; el segundo es un análisis químico de desgasificación. «Si logro conseguir las personas que me puedan ayudar con lo que es conciliar el shaker y hacer el análisis de desgasificación, para el año que viene yo creo que podría estar listo para mandar a ser evaluado por SpaceX a ver si realmente es factible que se pueda subir a un cohete», afirmó.
Mitidieri viaja solo a Turquía y su presencia en el encuentro internacional es resultado de dos selecciones independientes. Por un lado, presentó un paper que fue evaluado y aprobado para su exposición en el congreso principal, donde presentará su proyecto el jueves. Por otro lado, fue uno de los 250 jóvenes seleccionados en todo el mundo para participar en el Space Generation Congress, una instancia previa al congreso principal que se realizó el sábado y el domingo.
Consultado sobre sus aspiraciones a largo plazo, Mitidieri fue claro en sus prioridades: «A mí lo que me pondría más contento de todo es poder lanzar el satélite de la universidad y ponerlo en órbita y que funcione». Subrayó que el dispensador es, en sus propias palabras, «un medio nomás para llegar a eso», y expresó su esperanza de poder dar buenas noticias al respecto el año próximo.
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